sábado, 6 de noviembre de 2010

¿Quién mismo es culpable de la crisis de 2008?

Juan E. Guarderas, articulista de opinión en diario El Comercio, de convicciones aparentemente keynesianas, hace un par de años opinaba que la crisis fue causada por la empresa privada.
Lamentablemente no he podido recuperar el artículo original ―El Comercio online sólo proporciona links a ediciones de unos meses atrás―, ni tampoco la cortés mención que de mi réplica hizo J.E. Guarderas en su siguiente artículo; pero he aquí el correo que le envié, que contiene también la carta enviada a los diarios:
Update: he aquí el artículo original de J.E. Guarderas: http://www.elcomercio.com/columnistas/Tea-Party-Laissez-faire_0_366563352.html al menos hasta que diario El Comercio lo retire de su edición online. Su contrarréplica: http://www.elcomercio.com/columnistas/Hurra_0_374962570.html. Me llama «educado y entusiasta lector».  ^_^ 
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Saludos d. Juan Esteban, su artículo publicado ayer en “El Comercio” contiene dos afirmaciones que, aunque son la creencia “políticamente correcta”, en mi opinión son falsas. [mea culpa. Debí poner «erróneas»]
Me permití enviar otra carta al diario refiriéndome a ellas. Aunque no hay certeza que sea publicada, y mi réplica tal vez en vez de convencerlo lo afirme más en sus convicciones, se la copio a continuación:
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Juan E. Guarderas afirma que «La crisis financiera del 2008 se dio debido a las acciones de la empresa privada», «y fueron precisamente acciones profundamente intervencionistas, tales como los rescates mastodonte, que salvaron al mundo de un nuevo 1929».
Falso. La crisis la provocó el estado, primero inflando el crédito con tasas artificialmente bajas; inundando a los bancos con dinero gratis creado de la nada; y con leyes que los obligaban a otorgar hipotecas aún a personas sin trabajo ni ingresos.
Durante diez años, políticas inflacionarias e intervencionistas de Roosevelt no lograron sacar a los EE.UU. de la recesión. Esas políticas fallaron en Japón en los '90, y fallarán ahora.
Políticos y economistas han divulgado esa mentira que los mercados son culpables y ellos los salvadores, para acumular más poder e influencia.
Recuérdese esta carta cuando dentro de unos años explote otra “burbuja” creada por los estados. Probablemente en mercados de países pequeños de Asia.
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Permítame matizar un poco más allá de la limitación de mil caracteres de las cartas al director.
Debemos recordar que “el estado” en realidad se reduce a políticos y burócratas. El mercado, en cambio, somos todos los actores económicos, usted y yo incluidos, tomando decisiones de compra y venta (o de no comprar y vender) todo tipo de bienes y servicios, según lo que creamos más conveniente a nuestros intereses.
Políticos y burócratas tienen sus propios intereses (básicamente, permanecer en los cargos y mantener y acrecentar su poder) que lamentablemente no coinciden con los de la colectividad. ¿Realmente cree Ud. que los políticos y burócratas pueden tomar decisiones más beneficiosas para Ud. y su familia, que Ud. mismo?
Las ideas liberales son contra–intuitivas; cuando hay problemas, uno siempre se siente inclinado a "hacer algo" para "resolverlos"; pero en realidad estos problemas se resuelven solos, en el sentido que los actores económicos deben aceptar las consecuencias de sus actos. Por ejemplo, si un banco quiebra, los accionistas pierden su inversión, y quienes prestaron dinero a ese banco, probablemente no recuperen su dinero. Los responsables deben ser perseguidos. El gobierno no debe garantizar, con la plata de todos, las malas inversiones de algunos.
El gobierno no debe tener el monopolio de la emisión de moneda; fácilmente imprime dinero “de la nada”, confiscando así el valor de la gente que ahorra. El crédito debe ser resultado del ahorro, no de la impresión indiscriminada de dinero; las tasas de interés, es decir el precio del dinero, deben ser fijadas de acuerdo al mercado, como el precio de cualquier otro bien. La intervención estatal, al fijar precios, siempre causa distorsiones; ya sea escasez, al fijar precios artificialmente bajos (no es rentable producir), o generando burbujas al crear una abundancia artificial de dinero.
Es como una fiesta. A la mañana siguiente, el anfitrión ve con pena que sus invitados están todos sufriendo los estragos del “chuchaqui”, así que decide darles a tomar más trago para que “se les pase”. De pronto lo consigue, pero tarde o temprano esas personas tendrán que sufrir el malestar por sus excesos. No hay cómo impedirlo: aplazar el sufrimiento, sólo termina empeorándolo, tarde o temprano.
El gobierno de EE.UU. creó una burbuja en el mercado inmobiliario, y desafortunadamente trata de remediar el daño con más de lo mismo: tasas bajas, creando más dinero y dándoselo a los bancos para que lo presten. Terminará peor, téngalo por seguro; con más razón ahora que todos los países están compitiendo para ver quiénes devalúan más rápido sus monedas. El desenlace se espera que sea tan catastrófico, que algunos analistas prevén un retorno al patrón oro en esta generación. Este experimento mundial de cien años con monedas sin respaldo en metales preciosos terminará. Siempre ha sucedido.
El dinero de los bailouts o rescates no se está quedando en EE.UU.; está yendo a parar a Asia. Ud. puede buscar en Google bubble in Asia, y verá que desde el año pasado varios actores económicos están preocupados por elevaciones demasiado rápidas de precios, especialmente en bienes raíces, a lo largo de toda Asia.
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Aparte de todo esto, aprecio la oportunidad de poder exponerle estos criterios y agradezco la molestia que se ha tomado en leerlos. Siga adelante con su trabajo periodístico.

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