Al gobierno le salen los tiros por la culata. Desarma a los ciudadanos, para reducir la violencia; la percepción generalizada es que ha empeorado. Crea un impuesto para disuadir la salida de divisas; los capitales huyen en estampida (dulce derrota para el gobierno, que ya recauda más por el ISD que por el ICE). Dejó de pagar la deuda; ahora paga intereses más altos, con plazos más cortos y condiciones más severas.
Es que el gobierno no entiende la libertad (la ajena, por supuesto; la suya es una obsesión: que la soberanía, que vayan a ganar elecciones si quieren oponerse, etc.). Recela de ella, la ignora. Por eso tanta regulación, tanta amenaza de sanciones, tanto desplante a otros países.
La solución a todo problema, según el gobierno: «yo ordeno, ustedes obedecen, y éste será un mundo feliz». Cualquiera que haya sido adolescente sabe que “así de fácil, no es”.
Parafraseando a Couture: la libertad se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración.
PS. Así, nos atrevemos a predecir que las medidas que se están tomando últimamente en el área de la educación, no tendrán el resultado esperado: porque no toman en cuenta la libertad: de estudiantes, profesores, padres de familia, que son los actores en esta área. Políticos y tecnócratas, que no deberían ser preponderantes en este debate, lamentablemente mangonean a sus anchas.
Si el lector no entendió aún a qué me refiero, haga una autocrítica, no sea que también adolezca de lo que atribuyo al gobierno: ignorar, desconfiar de la libertad, porque no la entiende.
Es que hay sólo dos formas de resolver los problemas sociales: de común acuerdo, o con violencia (o con la amenaza de violencia).
El gobierno sólo emplea la segunda manera; por eso no logra resultados duraderos y profundos.