martes, 1 de julio de 2014

El gobierno de Ecuador "embarga" a Ecuador

Efectos del bloqueo:
Familia alemana trata de pensar que Fido sabe a conejo.
 El gobierno presidente Correa dificulta las importaciones para proteger la industria nacional, según dice.

Difícil creer que sea una medida beneficiosa, pues prohibir las importaciones con bloqueos y embargos es una de las primeras medidas impuestas al enemigo en una guerra para causarle daño y pobreza.

 

El presidente critica, con razón, el embargo que impone EE.UU. a Cuba desde hace 50 años, dificultando el comercio de la isla; y sin embargo impone medidas similares a nuestro país.
 

El embargo a Cuba es, en palabras del presidente, “intolerable, criminal, el mayor atropello contra los DD.HH., un obstáculo para el desarrollo de Cuba”. 

Las medidas similares que aplica su gobierno, ¿también son intolerables, atropellan los DD.HH. de los ecuatorianos, dificultan el desarrollo del país?
 

¿Un embargo internacional causa pobreza, pero “embargarnos” a nosotros mismos generará riqueza? Absurdo.

miércoles, 19 de febrero de 2014

La política: primitiva barbarie

En estas elecciones, recordemos que la política es una reliquia de un pasado bárbaro.
Gobiernos como los actuales, en los que unos hombres mandan a otros, existen desde hace cinco mil años. ¿Qué otra tecnología de hace cinco mil años se usa aún? Ninguna.
Ya no encendemos fuego con pedernal ni escribimos en tablillas de barro, pero la política sigue basada en la violencia.
Quítenle la violencia a los gobiernos y se convierten en mediocres ONG. Sin violencia para cobrar impuestos, nadie les daría un centavo a los políticos; no podrían pagar a sus legiones de esbirros y el gobierno desaparecería en pocas semanas.
La política no puede existir sin la fuerza bruta. Toda la política, todo el gobierno, se basa en una sola “transacción”: quitarle dinero a la gente contra su voluntad. Sin eso, el gobierno deja de existir. 
«Pero existen para hacer el bien», pensará Ud.  «Para asegurar el bien común, para evitar desmanes, para ayudar a los pobres».  
Eso es lo que le quieren hacer creer a Ud.: que son indispensables.  No lo son.
  En realidad los gobiernos existen sólo para que unos poderosos y violentos vivan a costa de los demás, como parásitos.  Exactamente tal como la "mama Lucha", de infausta memoria, o cualquier otra banda de mafiosos y extorsionadores.  
Claro: hacen obra, regalan dinero... siempre que eso les ayude a mantenerse en el poder.  Si eso no es suficiente, mostrarán su verdadera cara: la violencia, que es lo último que los sostiene en el poder.   
Mas pese a que “el gobierno” es la queja más común y causa lospeores males (miren a Venezuela), nunca cambia su esencia.
Ni nadie puede intentar formas alternativas de sociedad; si lo hacen, vienen hombres armados a encerrarlos, y si se resisten, les dispararán. Con suerte, sólo les quitarán su dinero multándolos.
Asimismo, recordemos que votar no cambia nada. Como decía un sticker de hace tiempo, «si votar cambiara algo, votar sería ilegal».
"Deposite aquí su voto"
Las elecciones son más bien “rituales que nos dan tranquilidad”, como los que practican quienes sufren de trastorno obsesivo–compulsivo. Es decir: no sirven para nada, pero si no las hacemos, nos ponemos muy nerviosos.
"Si piso las rayas, algo terrible sucederá. Lo mismo si no voto"
  Como decía un político, «que marchen todo lo que quieran, con tal que sigan pagando sus impuestos». La política no cambia nada; su misión es mantener al pueblo tranquilo y obediente.
La verdadera función de las elecciones.
¿Algún día evolucionaremos esta bárbara institución?

Fuente: Las excelentes ideas de Paul Rosenberg en http://www.freemansperspective.com/stop-caring-about-politics

viernes, 14 de febrero de 2014

Cochinos, pero no es nuestra culpa

―Te invito a conocer mi casa. Pasa.
―Con permiso... Oye, disculpa que te lo diga pero tu casa está muy sucia. Parece una chanchera.
―Sí, así la dejó el inquilino anterior, que era un cochino.
―¿Y cuánto tiempo llevas viviendo aquí?
―Siete años.
―!!
Absurdo, ¿verdad? Pues lo mismo hace el gobierno, divulgando por el mundo la suciedad que dejó una petrolera... ¡Y que nadie ha limpiado en veinte años!, ni siquiera el gobierno actual, que ya lleva siete en el poder.

miércoles, 5 de febrero de 2014

¡No abandonemos la Convención Americana de Derechos Humanos!

El gobierno critica con razón que EE.UU. no haya suscrito la Convención Americana de DD.HH. pero quiere llevarnos a una situación similar, amenazando con retirar al país del sistema interamericano de DD.HH. (SIDH).
Es el único recurso que le queda a un ciudadano si cree que el gobierno viola sus derechos y no ha obtenido justicia en su país.
¡No podemos quedarnos sin justicia internacional!  Veamos por qué.

No se juega en “cancha inclinada”

 

El equipo local ataca hacia abajo.
Imagínese que usted crea que alguien lo haya estafado. Su derecho ciudadano es llevarlo a las cortes para denunciarlo y que sea obligado a responder.
¡Pero imagínese que su adversario sea quien haya nombrado los jueces!  Y los jefes de los jueces hayan trabajado antes para su adversario.
Difícil creer que esos jueces sean independientes de su adversario.  Usted preferirá litigar en otra corte, donde su adversario no tenga influencia.
Por supuesto que su adversario no querrá litigar donde sabe que no tiene influencia, pues sabe que probablemente pierda el juicio si no tiene razón. 

Usted contra el estado, de igual a igual

 

De igual a igual, claro...
Hoy en día cualquier ciudadano del continente americano, con la excepción de Venezuela y EE.UU., puede demandar a sus gobiernos ante la corte interamericana de derechos humanos.
¡Sí!  Usted y yo podemos demandar al gobierno, si creemos que 1) el gobierno ha atacado injustamente nuestros derechos humanos, y 2) los jueces en nuestro país no han hecho justicia adecuadamente.
Mucha gente se admira de eso, de que un ciudadano “de a pie” pueda acusar al gobierno, tan grande y poderoso, y obligarlo a reparar daños causados.  Pues sí, puede hacerse; toma mucho tiempo y es costoso ―implica litigar en el extranjero― pero ha funcionado en varias ocasiones.
Es lo que diferencia a nuestras repúblicas de los reinos de antaño, donde el rey hacía lo que le daba la gana y nadie podía hacer nada.  Se supone que hoy los presidentes y demás funcionarios públicos deben obedecer la ley y respetar a sus “jefes”, que son los ciudadanos.  Y si no, deben pagar por ello.  
En las cortes internacionales el gobierno ―tan poderoso localmente― es tan débil como un individuo.   Y lo que en el país impresiona y aterra, en el exterior es visto con desdén y “alipori” (“vergüenza ajena”).  Allá no son temidos y acaso ni respetados, si se demuestra sus abusos. 

A los malos no les gusta ser juzgados

 

“No, no me gusta”
Por supuesto que eso no les hace ninguna gracia a los gobiernos autoritarios, que ven así limitado su poder.
Lamentablemente al gobierno de los EE.UU. ―país que fue la cuna de las ideas de libertad― no le interesa responder de tanto abuso que comete dentro y fuera de sus fronteras. El estado federal de EE.UU. se está convirtiendo en un estado policial y es una tragedia que sus ciudadanos no puedan hacer nada por evitarlo.  Por eso no ha firmado la convención americana de DD.HH., pese a que es la sede de la corte de DD.HH. de la OEA.
Hoy en día basta que el gobierno federal de EE.UU. declare, con razón o sin ella, que alguien es “terrorista” ―aún ciudadanos americanos dentro del territorio estadounidense― para que puedan mantenerlo preso indefinidamente sin juicio, sin abogado, incomunicado, etc.  Es un secuestro estatal, ni más ni menos. Para no mencionar la tortura a la que son sometidos.
Son abusos y es inconstitucional, pero ¿quién podrá impedírselo al gobierno más poderoso del mundo?
El expresidente Chávez recibió varias acusaciones en las cortes de la OEA por atentar contra los derechos humanos de los venezolanos, e incluso recibió condenas en contra.  Es decir, las cortes de la OEA afirmaban que era cierto que el gobierno de Chávez actuó injustamente contra algunos ciudadanos, y debía indemnizarlos.  
Pero Chávez, en vez de eso, decidió retirar a Venezuela de la Convención Americana de DD.HH. porque la Corte interamericana de DD.HH. supuestamente apoyaba el terrorismo, obedecía las consignas de “el imperio” (los EE.UU.), perseguía a los gobiernos progresistas, etc.
Vamos, chico, ¿a quién le gusta que lo juzguen?
Me pregunto si no es ése el sueño de todo acusado: decidir si lo juzgan o no; decidir si responde por todos sus actos, o no.   ¡Todo acusado de crímenes elegirá no ir nunca a juicio!  Pero eso equivale a dejar la puerta abierta a la impunidad.  
Los ciudadanos de EE.UU. o Venezuela están desprotegidos de eventuales abusos del poder.  Si un ciudadano venezolano cree que los jueces no condenaron a su gobierno por miedo, salado: no puede apelar a la CIDH. 

“Pero mi político es bueno”

 

Este simpático ancianito…


...y su sonriente amigo…


Pol Pot y el “Camarada Duch”.
Y eso que tuvieron “buenas intenciones”.
Si alguien cree que su gobierno es “bueno”, y que “sería incapaz de abusar de su poder”, pues déjeme decirle que es un ingenuo: TODA la historia de la humanidad recoge los constantes abusos de los poderosos, en todas las épocas.  Las formas de gobierno han evolucionado con la meta de evitar los abusos de los poderosos.
SIEMPRE habrá abusos y errores.  Los funcionarios son seres humanos, no ángeles, y deben responder por sus actos como todo ciudadano.  
Un presidente puede ser corrupto, rencoroso, prepotente, etc..  Puede ser mediocre, ignorante, hasta medio tonto.  Es probable que sea incluso un psicópata inescrupuloso dispuesto a todo.  
Añádale a esto un enorme poder, miles de millones de dólares a su disposición, una legión de funcionarios y ejércitos de soldados armados obedientes, miles de votantes fanatizados dispuestos a justificar todo su proceder…  Es la receta para el abuso, con mala intención o por simple incompetencia.
Los jueces que deben controlar a ese presidente y corregir sus abusos, pueden ser corruptos; pueden ser cobardes; pueden ser ignorantes; pueden tener “rabo de paja” (es decir, haber cometido delitos y estar impunes) y ser extorsionados fácilmente por el gobierno.  
Un presidente muy poderoso puede llegar a controlar las cortes de justicia y ganar la mayoría de los juicios, con razón o sin ella.  
De ahí que se haya creado tratados de derechos humanos y cortes de justicia internacionales, donde se supone que los gobiernos no pueden influir. 

“No, mi político sería incapaz de hacer eso”

 

Mi cara, cada vez que escucho eso
Bueno, entonces que litigue y gane los juicios en cortes internacionales.
El acusado no debe decidir si lo juzgan o no, o quién.  TODO funcionario público debe poder ser juzgado por los ciudadanos ante jueces imparciales; si no en el país, fuera de él.  
Imagínese que le toca a usted enfrentarse al gobierno.  Ante los recursos económicos y humanos ilimitados del poder, usted acaso sólo tenga “el poder de tener razón”.  Buena suerte tratando de ganar un juicio local contra ese adversario.  

“El pueblo no permitiría esos abusos”

 

“Tenemos derecho a elegir y ser elegidos”.
El poder debe ser visto con desconfianza.  Fácilmente puede usar sus enormes recursos para modificar la voluntad popular con propaganda y lograr que el pueblo apoye malas leyes que le dan al gobierno muchas más ventajas.  
El pueblo es venal y se hace de la vista gorda de los abusos, “mientras haya obra”.
Frente a la influencia de la política la gente se vuelve psicópata e indiferente al sufrimiento ajeno.  Pensarán: “él se lo buscó”, “quién lo manda a ser tan grosero, debe respetar a la autoridad”, “no puedo opinar, o perdería el cargo público, y mis hijos tienen que comer”, o al menos “lástima, pero menos mal que no es a mí”, y seguirán indiferentes.
Poniendo ejemplos extremos, el pueblo alemán, tan culto y educado, no impidió el ascenso de Hitler.  En EE.UU., la cuna de la libertad moderna, el pueblo por más de cuatro generaciones ve impasible cómo su gobierno se vuelve más y más tiránico.  

“Pero están creando una corte en la CELAC”

 

"¿Eres, o te haces?"

Imagínese que usted acusa a alguien.  Ahora imagínese que el acusado puede elegir el juez que llevará el caso: A, a quien no conoce; B, que es su compadre; C, a quien el acusado ayudó a conseguir el puesto de juez.  
¿Sinceramente cree que el acusado elegirá al juez A?  Claro que no, elegirá a su compadre o al juez que le debe un favor.
Imagínese que usted acusa a otro.  Pues ese “otro” no va a ir a las cortes comunes; va a crear una corte especial para que juzguen las acusaciones contra él.  Suena ridículo, ¿verdad?  Esos jueces no serán independientes.
Los países que tienen más acusaciones contra los derechos humanos están promoviendo crear una corte en la CELAC, y salir de la OEA, como hizo Chávez.   
Eso no despierta confianza.  Como dijimos, ése es el sueño de todo acusado: elegir si lo juzgan o no, o elegir quién lo va a juzgar.
O, ¡peor aún!, imagínese que usted declara que va a acusar a alguien, y ese “alguien” puede cambiar la ley que castiga los actos por las que Ud. lo va a acusar…  ¡Buena suerte en ese juicio!
¿Tonterías?  ¿Exagero?  TODO eso ha sucedido y viene sucediendo en nuestros países.  
De ahí que normalmente sea difícil litigar contra los gobiernos.

Jugar en cancha inclinada, parte II

¿Está mejor ahora?
Imagínese que usted no está de acuerdo con algo que hace el gobierno, y escribe sobre ello, y habla en público sobre su inconformidad.  El gobierno lo etiqueta a usted como “opositor”.  
Pues imagine que al gobierno se le ocurre acusarlo a usted de algún delito.  “Casualidad”, ¿verdad?  Veamos cómo está trazada la cancha:
¿Tiene usted millones de dólares de presupuesto para litigar?  No.  Pues el gobierno sí.
¿Tiene usted miles de dóciles y obedientes empleados a su disposición?  No.  Pues el gobierno sí.
¿Tiene usted un ejército de policías armados hasta los dientes listos para apresar a su contendor, apenas les llegue la orden?  No.  Pues el gobierno sí.
¿Tiene usted un presupuesto de millones de dólares para hacer publicidad en influir en la opinión pública?  No.  Pues el gobierno sí.
¿Tiene usted una red de medios de comunicación a su servicio?  Probablemente no.   Pues el gobierno sí.
¿Tiene usted una numerosa bancada de legisladores dispuestos a aprobar sus leyes?  No.  Pues el gobierno sí.
¿Tiene usted muchos ex-empleados, familiares y ex-abogados entre los nuevos jueces y fiscales, que usted ayudó a colocar ahí?  No.  Pues el gobierno sí.
¿Puede usted elegir “salirse” de la competencia de los jueces, así como Chávez sacó a su gobierno de la OEA?  No.  Pues el gobierno sí.
¿Puede usted impulsar la creación de “nuevas cortes” para que lo juzguen a usted y su caso?  No.  Pues el gobierno sí.
¿Se da cuenta que hay una “asímetría” o desequilibrio entre las dos partes procesales, Ud. y el gobierno?  
¿Se da cuenta que Ud. lleva las de perder?  
¿No cree que es bueno que haya una corte internacional en la que el gobierno pueda ser juzgado “como un ciudadano más”?
Por eso, ciudadano lector, no apoye la iniciativa del gobierno de retirarnos de la Corte de la OEA.  
Imagine si fuera Ud. quien recibiera ataques del gobierno y creyera que los jueces no lo defienden a usted, sino al gobierno.  Si el gobierno tiene la razón, debe poder probarlo, y ganar los juicios.  
“Ah, es que la corte de la OEA está dominada por los gringos, que hacen que no sea imparcial”, se quejaba Chávez y se quejan los gobiernos “progresistas”.   
Pues es la queja que tienen todos quienes desconfían de las cortes nacionales al litigar contra el gobierno: que los jueces están intimidados o inclinados a darle la razón al gobierno, aunque no la tenga.  
 
“¿Qué estás insinuando?”
Sin embargo, esos opositores no pueden hacer nada por “salirse” de la competencia de una justicia que creen parcializada, o crear su propia “corte”.  El gobierno sí puede; y tiene muchas otras herramientas para ganar los juicios.  No nos privemos de la única que nos queda. 

“Si nos sacan de la OEA, ¿qué nos queda?”

 

No, eso no. Ya sabemos cómo termina (todos muertos)
La alternativa para una hipotética víctima sería la Corte Penal Internacional de La Haya.
En la corte de la OEA, un ciudadano que cree que el gobierno ha atacado sus derechos, acusa al estado, y no al presidente Juan Pérez.
El presidente y su procurador general (el abogado del estado) se defienden, no en su propio nombre, sino a nombre del estado.  
Si el estado pierde el juicio y es condenado a indemnizar, el dinero no sale de los bolsillos de los funcionarios (que tal vez no sean ya los mismos que hicieron la agresión), sino del presupuesto del estado.
Supuestamente el nuevo gobierno podría “cobrar” la indemnización a los antiguos funcionarios, y sancionarlos a su vez.  Sin embargo, nunca se ha hecho, hasta donde tengo noticias.  
Sin embargo, en la Corte Penal Internacional no se acusa al estado, sino a funcionarios con nombre y apellido, de crímenes contra la humanidad.
Es algo mucho más serio, ¿no?
Es más difícil litigar ahí, no sólo por la distancia y las barreras del idioma (está en Europa y los lenguajes oficiales son inglés y francés) sino también porque quien acusa es el fiscal de la corte.  
Cualquier persona puede hacerle llegar al fiscal noticias de abusos, y él decidirá si acusa o no.  No debe ser por actos de abuso aislados, sino por actos repetidos, que demuestren una intención de persecución.
Por ejemplo se ha acusado a numerosos presidentes africanos, al sirio Bashar Al-Assad, entre otros.
El crimen de lesa humanidad incluye la «persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género, u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional».  
¿Por qué llegar a un juicio en una corte mundial?  
¿Por qué hay gente en nuestros países que cree que sus derechos han sido vulnerados?
Que los gobiernos hagan obras, que cumplan la ley, que cuiden los recursos públicos.  Así su memoria será grata y reconocidos con respeto en su ocaso político.


Si aguantó leer hasta el final, desahóguese comentando.  Se lo merece.

viernes, 17 de enero de 2014

Pésima idea, cerrar el país a las importaciones


"Nunca en la historia ha funcionado, pero esta vez sí funcionará". ~El gobierno
 Pésima idea del gobierno, cerrar el país a las importaciones.
Veamos diez razones por qué.
1. El gobierno no tiene autoridad moral para impedir actos pacíficos y consensuales entre los ciudadanos y sus bienes. Importar mercadería no es un ataque contra la vida, propiedad o libertad ajena, por lo que el gobierno no tiene justificación moral para prohibirlo. No es suficiente que al gobierno “no le gusten” las importaciones, o que prefiera “que la plata se quede en el país”. Esto es ridículo, ya veremos por qué, y no justifica criminalizar actos pacíficos y consensuales entre adultos con sus bienes.
2. El dinero que se paga por importar es de los ciudadanos, no del gobierno. Es una intolerable intromisión que el gobierno decida cómo debe usted gastar su dinero, que tanto le ha costado ganar. El gobierno actúa como si fuera dueño del dinero de nuestros bolsillos; esa actitud es propia de un amo, no de un servidor, que se supone es el estado (amos ya tuvimos con los reyes de antaño, y nos independizamos).
3. Expone al país a retaliaciones internacionales. ¿Se creyeron “muy listos” al prohibir importaciones, y fomentar las exportaciones “para que entre más plata y salga menos, y ser más ricos”? Pues los otros países no son tontos y probablemente impongan trabas a las exportaciones ecuatorianas. Así sucede desde hace más de trescientos años; la idea de cerrar al país no es nueva, es propia del viejo mercantilismo del siglo 17. Idea vieja, inútil y atrasapueblo”, ¡y aún así la estamos aplicando!
4. Los países más abiertos al comercio son ricos y prósperos, y los más cerrados son pobres. Basta comparar los ejemplos de los países más cerrados al comercio mundial, como Cuba (donde los profesionales ganan veinte dólares al mes) y Corea del Norte (que sufre regularmente de hambrunas), con los países más abiertos del mundo como Hong Kong o Singapur, donde una de cada seis familias es millonaria. O la diferencia entre ex colonias inglesas que eligieron cerrarse al comercio, como India que sigue siendo pobre, en comparación con las mencionadas Hong Kong y Singapur que pasaron al “primer mundo”.
5. El comercio genera riqueza. En vez de dificultarlo, el gobierno debería facilitar la inversión extranjera. Pero hay dos obstáculos para ello: uno, muchos funcionarios de alto nivel odian los negocios, odian los mercados, odian todo lo que no sea “gobierno”; y dos, no saben cómo facilitar la inversión, pues nunca han hecho negocios, su única experiencia es académica y burocrática; jamás han vendido nada ni creado ninguna empresa exitosa.
6. Enriquece a los ricos a costa de los pobres. Para proteger el negocio de algunos millonarios amigos de los políticos, se obliga a los pobres a comprar productos hechos aquí más caros y de menor calidad. El ciudadano pobre que antes se compraba un par de zapatos y unas medias por $10, ahora sólo le alcanza para comprar los zapatos; su nivel de vida ha bajado, se ha vuelto más pobre por culpa del gobierno. Si los productos locales fueran más baratos y de mejor calidad, no necesitarían barreras para ser preferidos por el público.
El gobierno gasta dinero como marinero borracho, desfinanciando el presupuesto, y para resolverlo ¡van a obligarlo a usted a gastar más en productos nacionales caros! El gobierno quiere usar el dinero de usted para enriquecer a sus amigotes empresarios, garantizándoles un mercado cautivo. Esto me suena a servidumbre.
7. Si usted quisiera consumir solo lo que usted produce, "para no gastarse la plata", su vida sería miserable. Si su familia decidiera consumir sólo lo que entre ustedes producen “para que la plata se quede en la casa”, tendrían el paupérrimo estándar de vida de los campesinos del siglo 15. Si su barrio decidiera comprar sólo lo que se produce en el barrio…, es tan ridículo que no hace falta refutarlo.

Imagínese que su hermano se abre una tienda. Ud. y los demás hermanos van a comprarle, para "hacerle el gasto".

Al llegar, Ud. se da cuenta que su hermano vende las cosas más caras que otras tiendas; hasta un 35% más caras.

Para no "hacerle mala cara", Ud. decide comprarle, para apoyar a su hermano.

Pero ganarse el dinero cuesta; Ud. y su cónyuge deciden ya no comprarle a su hermano, sino más bien comprar en las otras tiendas donde es más barato.

¡Pues resulta que su hermano fue a quejarse donde su papá!: «Papá, mi hermano no me sigue comprando. Si no me compra, me irá mal en el negocio. ¡Oblígalo a que me compre!»

Y al llegar la reunión familiar del fin de semana, su padre trata de manipularlo emocionalmente:

«Eres un mal hijo y un mal hermano. Cualquier buen hijo ayudaría a su hermano».

Usted no se deja manipular, y replica: «No tengo la culpa que mi hermano no sepa hacer negocios competitivamente y venda las cosas más caras. Yo debo preocuparme por mi esposa e hijos; el presupuesto no nos alcanzará si le compramos más caro a mi hermano».

Su papá le pone mala cara y lo amenaza a Ud.: «Hijo, debes comprarle a tu hermano. Si compras en otras tiendas, te quitaré lo que les compres a esas otras tiendas y me lo quedaré yo. Y si tratas de resistirte, te encerraré en el sótano; tu esposa y tus hijos pasarán hambre, no me importa».

Ridículo, ¿verdad? ¡Ese papá parece villano de caricatura! Es totalmente injusto, caprichoso, irracional y déspota. Usted tiene una obligación moral primero con su esposa e hijos, antes que con su hermano; pero a su padre no le importa que Ud. sea un adulto; él quiere mandar sobre Ud., y convertirlo en un poco siervo de su hermano ¡Al diablo su libertad, al diablo su esposa e hijos que vivirán un poco peor, o incluso pasarán hambre!

¿Exagero? NO: exactamente así se comporta el gobierno.

Al gobierno le interesan más sus amigotes empresarios que usted. Por eso al gobierno no le importa que usted no ahorre: le interesa más que sus amigotes se enriquezcan, a costa suya. Al gobierno no le importa que usted tenga que pagar más por algo que podría costarle menos.

Si usted trata de comprar y traer cosas más baratas desde otro país y el gobierno se da cuenta, el gobierno le arrebatará esas cosas y no se las devolverá. Eso es un robo, un abuso. Y si Ud. trata de evitar que le quiten sus cosas, lo encerrarán. Y si trata de evitar que lo encierren, le dispararán a matar, téngalo por seguro

Es decir: el estado está dipuesto incluso hasta a matarlo a Ud., con tal que se enriquezcan sus amigotes empresarios. ¿Se da cuenta entonces que el gobierno se comporta como una mafia?

Claro que tratarán de manipularlo con propaganda: "es patriótico comprar las cosas hechas en el país. Sé un buen ciudadano, prefiere lo nuestro". Pero en el fondo está la amenaza de matarlo si no obedece.

Lo mismo con el país: comprar afuera libera nuestro tiempo para producir más de aquello que hacemos mejor; nos enriquece.
Prohibir el comercio empobrece, reduce la calidad de vida. Recuérdelo la próxima vez que salga a comprarse una camisa, en vez de tejerla usted mismo. ¡Lástima que tantos PhD en el gobierno no vean algo tan evidente!
8. No funciona. En los años ‘70 se intentó el mismo modelo de sustitución de importaciones, con los mismos fines (“cambiar la matriz productiva”, “dejar de ser exportadores de las materias primas para exportar productos con valor agregado”, etc.) a través de las mismas medidas… ¿Esta vez lograremos resultados distintos, haciendo exactamente lo mismo? Lo dudo.
Los países de latinoamérica eran más prósperos que Hong Kong y Singapur en los años 50. Medio siglo de proteccionismo nos mantiene aún en el tercer mundo, discutiendo si vamos a aplicar las mismas medidas que no han funcionado en 50 años.
¿Dije 50? ¡Qué va! Esas medidas existen desde hace más de 300 años (mercantilismo), no han sacado a ningún país de la pobreza, y sólo sirven para enriquecer a unos cuantos empresarios bien conectados políticamente.
9. El gobierno no puede prohibir nada. Esta crítica está basada en el Derecho constitucional republicano. Antiguamente, la voluntad del rey era ley: el rey ordenaba, prohibía, permitía. En las repúblicas, se supone que quien ordena, prohíbe, etc., es el pueblo, a través de sus mandatarios legisladores; el pueblo “se da a sí mismo” las leyes.
Pero en el caso de estas medidas que cierran el país al comercio internacional, se hace a través de reglamentos dictados por órganos dependientes del ejecutivo —no de leyes— que establecen cientos de prohibiciones y requisitos a cumplir. Ésa es una manera hipócrita de proceder por parte del poder: no prohíben directamente, porque serían desenmascarados fácilmente, pero ponen tantas trabas que viene a ser lo mismo.
Al respecto citemos a Montalvo, incansable azote de todo despotismo: «Si el presidente hace irrupciones de hecho en el recinto de las leyes, será usurpador; si las hace por derecho, aunque indirectamente, será déspota o semidéspota, y la forma de gobierno sólo para escarnio del pueblo se llamará republicana» (cit. por don Franciso Huerta en diario Expreso).
10. Los supuestos fines de “sustituir importaciones” y “cambiar la matriz productiva” no son metas ni legítimas ni realizables. Presupone que el gobierno es más o menos “dueño” del país. El rey de antes decidía, y el pueblo obedecía. Papá decide, los hijos obedecen. El dueño de empresa decide, y los empleados obedecen, que para eso les pagan. ¿El presidente decide, y nosotros debemos obedecer? Eso tiene un tufo monárquico. Y no me digan que “han ganado elecciones para aplicar la voluntad popular”; el presidente no es un “rey elegido por votación”, es un servidor, y ¿dónde ha visto usted que un servidor da órdenes como si fuera amo? ¿Hemos reemplazado al rey-individuo por un rey-mayoría?
Parafraseando a Montalvo: los ciudadanos no deben hallar cadenas en las leyes.

¿Se convenció de lo dañina de esa medida, y quiere compartir con el autor su entusiasmo? ¿Se llenó su corazón de odio y rencor contra el autor de estas líneas? Desahóguese terapéuticamente comentando a continuación.