martes, 12 de julio de 2016

El gobierno es como un padre... psicópata

Al aplicar medidas que dificultan el comercio internacional —aranceles, salvaguardias, cuotas, trámites engorrosos— con el pretexto de “proteger la industria nacional y los empleos”, el gobierno actúa como un padre de familia ignorante.

Imagínese Ud. que su hermano pone en la casa una tienda de abarrotes, y Ud. le “hace el gasto” para ayudarlo. Pero los precios de su hermano son EL DOBLE de otras tiendas del barrio, así que Ud. decide comprarles a otras tiendas.

Su papá, ignorante en economía, le dice: “eres un traidor, mal hijo, mal hermano, debes comprarle a tu hermano, ¡primero lo nuestro!”.

Ud. replica, “mi hermano vende muy caro, puedo comprar más cosas en otras tiendas”.

Su papá dice: “si no le compras, el negocio de tu hermano quebrará, y él estará en desempleo por tu culpa, y morirá de hambre”.

Ud. dice, “si mi hermano no puede vender a los precios del mercado, pues quizá no debería estar en ese negocio. Y si no le va bien en ese negocio, pues que se dedique a otra cosa, no va a ser tan tonto para dejarse morir de hambre o vender a pérdida”.

Su papá sentencia: “mientras vivas en esta casa, mientras seas parte de esta familia, deberás comprarle a tu hermano. Cada vez que compres a otras tiendas yo te quitaré tanto dinero como hayas pagado, para igualar los precios de esas otras tiendas a los de tu hermano [salvaguardias]. Y si te niegas a dejarte quitar ese dinero, te encerraré en el sótano por varios años [delito aduanero/tributario]. Y no creas que puedes huir: estoy dispuesto no sólo a encerrarte, sino hasta a dispararte, con tal que el negocio de tu hermano sea próspero. ¡No podemos tolerar el desempleo en la familia!”.

Ud. creería que su papá está loco, y hasta que es psicópata, y que prefiere mucho más a su hermano que a Ud.. ¡Y que no es un buen padre!

Pues así se comporta el gobierno: obliga a unos ecuatorianos a ser clientes de ciertos negocios, a precios más caros. Bajo penas de prisión y muerte (si resiste el arresto).

¿Por qué defender negocios improductivos? ¿Por qué mejor no dejar que quiebren negocios “zombies”, y que haya negocios rentables? Temporalmente habrá desempleo, pero ¿acaso los fabricantes de carretas de caballos se dejaron morir de hambre con la aparición del automóvil? ¿Acaso los aguateros y limpiadores de pozos sépticos se dejaron morir de hambre cuando apareció el servicio de agua potable y alcantarillado? Claro que no: se buscaron otra ocupación rentable.

¿Por qué creen que EMPOBRECER al pueblo a través de devaluaciones, ROBÁNDOLES valor de sus ahorros, es una “herramienta de política monetaria”? Es una INMORALIDAD.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Dos lecciones que he aprendido en 46 años haciendo reportajes de política (trad.)

Por P. J. O’Rourke*

He estado haciendo reportajes sobre política desde hace 46 años, desde que empecé a escribir para uno de esos “periódicos clandestinos” hippies allá en 1970.

Mis convicciones políticas han cambiado mucho en 46 años, pero la política en sí misma no ha cambiado.

Lo que está mal no es algo propio de la coyuntura actual. Los problemas políticos son problemas permanentes.

Cubrir la política me ha enseñado unas cuantas cosas … aunque, como Porter Stansberry siempre dice: “No existe eso de enseñar, sólo existe el aprender”.

Lección Nº 1: Las mejores personas no se lanzan de candidatos

Hay un libro que da una descripción sabia y perspicaz de la personalidad de un político típico.

Los autores del libro, sin embargo, no tenían idea que estaban describiendo a un político: pensaban que estaban describiendo una enfermedad mental.

El libro es la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la Asociación Americana de Psiquiatría.

La descripción aparece en la página 717, bajo el título “Criterios de diagnóstico para el Trastorno de Personalidad Narcisista”…

Un individuo que muestre «un patrón general de grandiosidad (sea en la fantasía, o en el comportamiento), necesidad de admiración, a partir de la juventud…, como lo indican cinco (o más) de los siguientes rasgos»:

(1) Tiene un exagerado sentido de su propia importancia (por ejemplo, exagera sus logros y talentos, y espera ser reconocido como superior a los demás, sin tener mérito).

Esto constituye la esencia misma de la decisión de un individuo a lanzarse de candidato, ¡además del resumen de su discurso de campaña!

(2) su mente está llena de fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez …

Ésos son los detalles de ese discurso de campaña…

(3) Se cree “especial” y único, y que sólo puede ser comprendido por otras personas (o instituciones) “especiales” o muy importantes “como él”, con quienes debe relacionarse.

Estas “instituciones especiales” o de alto estatus son la Asamblea, ministerios, etc.. Las “personas especiales” o de alto estatus son los “donantes de campaña.”

(4) Exige una admiración excesiva.

Pero se conformará con ver su nombre en las vallas electorales.

(5) Tiene una idea desmedida de lo que “él se merece” (entitlement), es decir, tiene expectativas no razonables de recibir un tratamiento especialmente favorable o que los demás se adapten automáticamente a sus expectativas.

Aviones de lujo para su uso personal, promulgar decretos, que vehículos armados lo escolten y le abran el tráfico…

(6) Explota al prójimo, se aprovecha de los demás para lograr sus fines.

Cada vez crece más la lista de ex-colaboradores decepcionados y arrepentidos…

(7) Carece de empatía: no está dispuesto a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los otros.

Este criterio de diagnóstico aparentemente no encaja, porque todos los políticos siempre nos están diciendo cuánto simpatizan con nosotros y cuánto los conmueven nuestras esperanzas, sueños y temores. Pero están mintiendo: Simulan emociones que no sienten.

(8) A menudo envidia a otros, o cree que otros lo envidian.

(9) muestra comportamientos o actitudes arrogantes y vanidosos.

¿Alguien mencionó a Donald Trump?

Como puede ver, muy probablemente quienes se lanzan de candidatos sufren de trastorno narcisista de personalidad. En otras palabras: el gobierno no atrae a los mejores; ¡quienes buscan candidaturas probablemente sufren un trastorno mental!

Lección Nº 2: Por qué quienes son elegidos generalmente tienen mal desempeño

Aunque muchos políticos podrían ser legítimamente diagnosticados con serias neurosis (el descrito trastorno de personalidad narcicista, o hasta el trastorno de personalidad antisocial, es decir, ¡psicopatía!), el problema real no son los políticos: el verdadero problema es la política.

Los políticos son como los cocineros: algunos buenos, otros malos, la mayoría mediocres. Pero la política es zorrillo hervido. El problema no es el cocinero: el problema es la comida.

Permítanme expresarme mejor: El problema no es el cocinero, el problema es el libro de cocina.

La política es la idea de que todos los males de la sociedad pueden ser curados políticamente. Es decir: hacer que unas personas decidan por otras, y estar dispuestos a usar la violencia para ejecutar esas decisiones.

La política es como un libro de cocina, donde la receta para todo, es freírlo. La ensalada de frutas se fríe. La sopa se fríe. La ensalada se fríe. Lo mismo ocurre con el helado y pastel. ¡Hasta la cerveza se unta con apanadura y huevo y se sumerge en aceite!

Ésa no es la manera de preparar políticas públicas.

Pero los políticos tienen otro problema: son incapaces de decirnos la verdad sobre el menú descrito anteriormente.

Los políticos mienten, sí. ¡Pero no tienen alternativa! Piense cómo sería una campaña presidencial si un político dijera la verdad, incluso tan sólo un poquito de la verdad: «No, yo no puedo arreglar la educación pública. El problema no es el financiamiento, los sindicatos de maestros, o la falta de computadoras. ¡El verdadero problema son sus hijos!» ¡No veo una victoria electoral en el futuro de ese político!

Mi trabajo es burlarme de la política. Pero después de 46 años de burlarme de ella, me he dado cuenta de que lo disfruto tanto como un oso depilándose con cera. Odio la política.

Y no sólo detesto la mala política. Odio toda la política.

Imagínense si la ropa de todos nosotros fuera elegida por la mayoría de compradores, que son chicas adolescentes. ¡Imagínense al vicepresidente con lycra y exhibiendo el ombligo!

Imagínese decidir qué cenar a través de voto secreto. Tengo tres hijos y tres perros en mi familia. Estaríamos comiendo galletas Oreo y carne podrida.

La política es nociva. Piense en qué caracteriza a un “buen político”: desleal, dispuesto a decir lo que otros desean escuchar aunque no sea verdad, dispuesto a cambiar rápidamente de convicciones según su conveniencia, adulón. Cuando decimos de alguien: “parece un político en campaña”, ¿es un cumplido?

No obstante, continuamente estamos tentados a dar más poder a los políticos. El poder es peligroso. El poder político, con su monopolio legal de la fuerza letal, es particularmente peligroso.

La política es como un Rottweiler, listo para ser soltado en nuestros problemas. Y tienes carne podrida en tus bolsillos…

Saludos,

P. J. O’Rourke

* Versión libre de un texto de P. J. O’Rourke publicado aquí.

jueves, 28 de enero de 2016

El presidente no sabe crear riqueza

Enfrentamos un desafío económico. ¡El gobierno debería ser el mejor socio de los empresarios ecuatorianos! No es así.

Si Ud. tiene un negocio, ¿qué le hubiera gustado escuchar en el discurso de ayer del presidente en la CELAC?

  1. “Voy a abrir más mercados internacionales, para que puedas exportar más”.
  2. “Voy a reducir impuestos, para que puedas bajar tus precios y tu empresa sea más rentable”.
  3. “Voy a reducir trámites, para que puedas hacer negocios más fácilmente y ser más productivo”.
  4. “Voy a hacer menos ‘peligroso’ contratar y despedir empleados, para que contratarlos o despedirlos no se convierta en un riesgo de quiebra para tu empresa”.

Pero en vez de eso, ¿qué dijo?

  1. “Te vamos a quitar más dinero con más impuestos. No importa que las ventas hayan bajado, me vas a pagar más”.
  2. “Parte de ese dinero lo usaré para dar educación y salud a quienes votan por mí. Ellos me van a agradecer a mí, no a ti”.
  3. “Voy a ponerte más reglas en tu negocio; te voy a controlar más, y voy a hacer más difícil que despidas empleados”.
  4. “En serio, te voy a quitar más de tu ingreso; y no sólo tu ingreso, sino también te quitaré parte de tus activos, tu riqueza”.

Los puntos anteriores son paráfrasis de las “soluciones” propuestas por el pdte. Correa en su discurso de ayer.

¿Eso lo anima? ¿Le dan ganas de ponerle más empeño a su negocio?

Qué va. Seguro lo desanima y más bien lo obliga a considerar si vale la pena seguir, o mejor liquidar el negocio.

Tal vez Ud. piense, «Yo soy empleado privado, no dueño de negocio. Allá esos pelucones $%&#@, bien hecho que les caigan encima. Mejor para mí que hagan más difícil el despido».

Reconsidere su posición. A Ud. como empleado privado le conviene que haya MUCHAS empresas prósperas: tendrá más posibilidades de trabajo.

Hoy en día por cada plaza que se abre, aplican CIENTOS de personas. ¿Por qué no hay más bien CIENTOS de empresas interesadas en contratarnos?

Las leyes laborales más rígidas NO le favorecen. Si Ud. es empleado, Ud. vende sus servicios; leyes laborales rígidas HACEN MÁS DIFÍCIL que alguien se los compre. Una empresa antes de contratarlo a Ud. se lo pensará MIL VECES.

Piénselo. ¿Entraría Ud. a un lugar del que no está seguro si podrá salir? Claro que no.

Si una empresa pasa por una época de “vacas flacas” y le resulta difícil pagar sueldos, ¿podrá pagar indemnizaciones por despido intempestivo, multas al IESS etc.? Claro que no, hasta puede quebrar.

Por eso las empresas se lo pensarán mucho antes de ofrecerle a Ud. una plaza de trabajo.

El problema es que el presidente se enfoca en la “POBREZA como un estado”, NO en la “RIQUEZA como un proceso”. Me explico.

Si el gobierno define la extrema pobreza como “alguien que vive con menos de $46 al mes”, ¡eureka!, la solución a la extrema pobreza es fácil: darles un bono de desarrollo de $50, ¡y desaparece la pobreza extrema! ¡El único obstáculo para reducir más la pobreza serían esos pelucones que se niegan a pagar más impuestos!

Así ha “reducido la pobreza” el gobierno actual: de una manera meramente “estadística”.

Pero a esa persona le quitas el bono, y vuelve a ser pobre. NO has sacado a nadie de la pobreza; has creado un “cliente”: “persona que está bajo la protección o tutela de otra”, lo que NO es un ciudadano autónomo e independiente. Es el votante perfecto para el populismo y la demagogia.

¿Cómo se logra DE VERDAD sacar a alguien de la pobreza? Con un empleo bien remunerado. Pero para haya esos empleos, ¡se necesita MUCHOS empresarios prósperos compitiendo entre sí por TUS servicios!

Mucha demanda sube los precios, y poca demanda los baja, ¿verdad? Mucha demanda por tus servicios hará que suba su precio (tu sueldo), y viceversa.

La prosperidad de nuestros empresarios NO fue mencionada por el presidente en su discurso. Más bien fue hostil a esos empresarios, y sus “soluciones” básicamente son veladas amenazas a ellos…

El pdte. cree que sólo la “redistribución” que hace el gobierno genera riqueza. Pero repartir un pastel NO crea más pastel; ¡en Ecuador necesitamos más pasteles y pasteles más grandes! ¡Necesitamos más “pasteleros”, no sólo “cortadores de pastel ajeno”!

El pdte. sólo cree en cortar y repartir él los pasteles que otros han hecho… Por alguna extraña razón NO le gusta que haya muchos pasteleros prósperos.

«El desarrollo es un problema político», dijo el presidente. Él cree que la solución a la pobreza está en sus manos, y cree que lo conseguiría, si tan sólo esos pelucones pagaran más impuestos sin chistar…

NINGUNA mención al ahorro privado y la acumulación de capital, requisito INDISPENSABLE para poder INVERTIR y generar riqueza. Bueno, sí lo mencionó, pero como algo malo. Como el adversario del ser humano. Como el adversario del trabajo. ¡Como el adversario del estado!

¿Cómo puede alguien tener las ideas tan equivocadas?

Sin acumulación de capital privado, NO puede haber inversión en negocios, y sin negocios, NO hay empleo, NO hay salarios, NO puede salir uno de la pobreza; sin negocios prósperos NO hay impuestos, NO hay con qué pagar a los burócratas, NO hay con qué construir carreteras ni hidroeléctricas, ahora que ya no hay petróleo (estamos produciéndolo a pérdida).

TODO LO BUENO depende de la acumulación de capital privado. ¡Y quien dirige el país cree que eso es algo maléfico!

¿Qué opina? Deje su comentario.

Fuentes: Un artículo de diario El Universo y un artículo de El Comercio donde el presidente presenta al capital como adversario.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

El estado se comporta como un delincuente más

Un agente de aduana en acción.

Un ladrón lo aborda y, mostrándole un cuchillo o pistola, exige que le entregue su celular.

Un agente de aduana interrumpe su paso en el aeropuerto y, amenazándolo con ir a prisión —porque Ud. comete un presunto delito aduanero, al traer un celular nuevo al país—, le exige su celular.

¿Diferencias? NINGUNA. En ambos casos, una persona se apropió de lo ajeno con amenazas de violencia.

El ladrón va a vender lo robado a las cachinerías. La aduana va a subastar lo “retenido”: http://www.elcomercio.com/actualidad/aduana-subasta-televisores-altagama-ecuador.html

Es decir, gracias al gobierno todos los que vayan a comprar esos televisores se convertirán en “cachineros”. Qué desastre moral, ¿no?

Por supuesto que es inmoral comprar cosas robadas (cosas obtenidas bajo amenazas de violencia). Que quien lo robe o venda sea un funcionario, NO cambia la moralidad del acto.

No me digan que con lo recaudado “se va a hacer obra social”. El fin NO justifica los medios. Un acto inmoral —apropiarse de lo ajeno con amenazas de violencia— NO se vuelve “bueno” porque quien lo haga tenga “buenas intenciones”.

El ladrón justifica su robo, diciéndole: «tengo que alimentar a mis hijos. Así que dame tu celular, o te mato».

No convence, ¿verdad?, pues un acto bueno NO justifica una amenaza de muerte.

¿Exagero? Trate de negarse a lo que le exige el agente de aduana… Tratarán de arrestarlo. Trate de huir o resistir el arresto, y le dispararán, téngalo por seguro.

Como decía Mao, “el poder nace del cañón de un arma”. Qué democracia ni qué vaina: un arma apuntándole a usted.

Si el ladrón logra vender lo robado, pues probablemente seguirá robando.

¿Dije obra social? La aduana destinará el dinero que se recaude con la subasta «al programa de incentivos de Aduana».

Es decir, seguirán declarando lo ajeno “¡contrabando!”, y apropiándoselo.

Es prohibido traer celulares, pues es privilegio de un oligopolio (operadoras, importadores y ensambladores). Cuando Ud. trae un teléfono, les “daña el negocio”.

Es decir: el estado, en su afán de proteger esos negocios, está dispuesto incluso a meterlo a Ud. a la cárcel, o dispararle.

Al ladrón le importa más el dinero en su mano, que la vida de usted. Para el estado, la rentabilidad de esas empresas vale más que la vida o la libertad de usted… Mal, ¿verdad? «La supremacía del capital de mis amigos, sobre la vida y la libertad de usted».

No podemos evitarlo. Pero por lo menos sepamos que NO tienen derecho a hacerlo.

jueves, 13 de agosto de 2015

Ecuador necesita un sistema parlamentario

El sistema presidencial, en una imagen


En el sistema presidencial que tenemos ahora, el presidente es el jefe de todo el gobierno. Hay un riesgo constante de que la gente lo vea como un “mesías”, un “líder irremplazable”, “sin el cual el país iría al abismo”.

Por supuesto que todo eso es falso. Lo que el país necesita es alguien que se preocupe de administrar los asuntos públicos sin creerse un mesías que puede violar los derechos humanos “para el bien común” porque ha ganado elecciones.

En un sistema parlamentario, si se elige presidente, no se le da poder real; el verdadero poder radica en la asamblea, quien designa a un primer ministro, quien es la cabeza de gobierno.

Éste responde por su cargo directamente a la asamblea; si pierde el favor de ésta, puede ser removido.

De esa manera se evita que un presidente “fuerte” responda de su gobierno sólo “ante el pueblo, cada cuatro años”. El primer ministro sabe que su cargo no está asegurado (tampoco su carrera política), así que más le vale hacer un buen trabajo. Es un buen freno al poder.

Una remoción de primer ministro no es tan catastrófica para la institucionalidad como lo es la remoción de un presidente. De ahí que en un pueblo como el ecuatoriano, tan dado a demostrar su descontento, el sistema parlamentario proporcionaría un cauce institucional a una costumbre popular.

El pueblo asimismo se iría olvidando de la dañina costumbre de buscar “mesías, salvadores y líderes fuertes” y más bien tornaría a mirar a las instituciones, no a personas, en casos de necesidad.

Las democracias que mejor funcionan y tienen mejor estándar de vida tienden a emplear un sistema parlamentario: Alemania, Canadá, Australia, Noruega, Japón, Nueva Zelanda; difícilmente nadie recuerda al primer ministro de Canadá o Noruega, países que funcionan eficientemente, mientras que pésimos presidentes como Maduro y los que Ud. tiene en mente son conocidos mundialmente por el daño que causan a los países que los sufren (y eligen). Las sangrientas dictaduras son el sistema presidencial llevado al extremo (sin contrapesos).

En América Latina en general ha predominado el sistema presidencial, con su historia de caudillismos, populismos, dictaduras, guerras, etc. ¿No es hora de probar un nuevo sistema?

Este artículo de Ivonne Guzman ahonda en el tema http://www.elcomercio.com/opinion/presidencialismo-estupido-opinion-ecuador-politica.html La caricatura es del siempre excelente Bonil @BonilCaricatura facebook.com/caricaturistaBONIL

jueves, 30 de julio de 2015

El verdadero presidente del Ecuador

He aquí el verdadero “presidente” del Ecuador: el petróleo.

“Buen presidente” cuando está alto; “mal presidente, botémoslo” cuando está bajo.

Fíjense cómo en los años ‘70 y durante el gobierno de nuestro “economista PhD” ha estado muy alto, y en torno a la crisis de 1999 estuvo en sus mínimos históricos…

¿Casualidad? No; nuestro éxito o fracaso económico como país está atado al precio del petróleo, querámoslo o no.

(Pregunten a nuestros mayores si se quejan de los años ‘70. Casi nadie se queja, pese a que vivíamos en dictadura; todo el mundo tenía trabajo, se hacía obra, se contrataron muchos burócratas, muchos estudiaron en el exterior con becas etc. Lo mismo ahora…, hasta junio, que empezaron las protestas.)

Ahora el precio se está desplomando… ¿Tendrá nuestro “economista PhD” el talento para sortear la crisis? Lo dudo.

martes, 28 de julio de 2015

Esto es en contra de lo que luchamos

Nila Velázquez publica en El Universo un artículo donde recoge la creencia comúnmente extendida de que “la política es algo bueno, lamentablemente desvirtuada por malos políticos”. Dice:

«Es necesario limpiar el mundo de la política, entenderla como lo que es: trabajar en la búsqueda del bien común y eso requiere la capacidad de servir a todos, más allá de las diferencias partidistas o de intereses … Solo podremos superar este círculo vicioso cuando los jóvenes se acerquen sin recelo a la política, la bien entiendan como, lo que debe ser, una de las formas más altas de servicio y la asuman con una alta conciencia ética. No nos empeñemos en contaminarlos y ofrecerles una imagen distorsionada de lo político».

Lamento decir que lo descrito es precisamente la imagen distorsionada de lo político. Como decía el presidente Correa, burlándose de las creencias ingenuas de algunos de sus partidarios, «estaban soñando con pajaritos preñados, rosados». La realidad de la política es realmente siniestra.

No me refiero con ello a las constantes mentiras públicas de los políticos; a cómo carecen de todo escrúpulo para llegar al poder y mantenerse en él; cómo tratan de destruir ruinmente a sus enemigos; cómo se comportan de modo diametralmente opuesto a cómo un buen padre educa a sus hijos: di la verdad, acepta tus errores, aprende a perder, sé generoso, respeta a los demás… (¿no tuvieron padres los políticos?).

No. No me refiero a todo eso, que el lector ya sabe. Me refiero a una mentira más ladina, más taimada: lo que en verdad es la política.

Usted, estimado lector, debe estar más enterado que el común de los mortales electores que sabe que los políticos mienten, sabe que lo están engañando, pero aún así los defiende, los apoya ¡y vota por ellos!

Para no ser parte del montón ignorante, Ud. debe leer estos artículos cortos:

Una vez que usted sepa la realidad, estimado lector, sentirá que habrá “salido de la matrix”; sabrá la verdad, y sentirá malestar físico cada vez que escuche a un político abrir la boca y mentirnos descaradamente.

Lea Nuestro enemigo, el estado para que termine de enterarse de por qué el estado es profundamente antisocial.