lunes, 5 de noviembre de 2012

¿Tenemos república, o monarquía medieval?

Los estatistas parecen creer que el gobierno es lo principal, lo preeminente, frente a los ciudadanos; y que ser presidente es “lo máximo”.
Así, el superintendente de bancos Solines sugiere fijar un límite a las remuneraciones de los banqueros para que “nadie gane más que el presidente de la república”. Alberto Acosta propone que «quienes tienen un ingreso superior dos veces al Presidente de la República, deberían tener un impuesto a la renta de por lo menos el 50% de sus ingresos». En ocasiones hemos escuchado al presidente hablar de la “majestad” del cargo que desempeña.
Me resulta curiosa dicha concepción del poder. Quienes piensan así parecería que se refieren al ejercicio del poder dentro de un reino medieval, no una república moderna.
El rey medieval tenía “súbditos”, quienes le debían pleitesía; los súbditos se hincaban ante él; nadie era “más” que el rey.
Sin embargo, en una república nadie es “más” que nadie, todos somos iguales ante la ley; algunos ciudadanos han sido elegidos para servir a los demás, y nadie tiene “más importancia” que ninguno. Los servidores no tienen ninguna “dignidad” especial; eso de la “dignidad”, de ser “dignatario”, es un triste rezago monárquico.
No se me replique que, en virtud del “valioso” servicio que prestan a la sociedad, los ciudadanos les debemos a los funcionarios públicos un respeto y consideración especiales. ¿No pretendían también los reyes de antaño haber recibido un poder divino para dizque servir, cuidar y proteger a los pueblos sobre los que reinaban? El propio Jesús dijo: «los reyes de las naciones las gobiernan como dueños, y los mismos que las oprimen se hacen llamar bienhechores». ¡Ja! Eso en mi opinión se aplica plenamente a nuestros supuestos “servidores públicos”.
Ya que hemos citado al Señor, escuchemos lo que dijo a continuación: «¿quién es más importante: el que está a la mesa o el que está sirviendo? El que está sentado, por supuesto». ¿Qué es lo principal: la sociedad, o el gobierno? Sociedad y gobierno, ¿quién eligió a quién? ¿Quién es más importante: el ciudadano, que elige a su servidor, o el servidor elegido? ¡El ciudadano, por supuesto!
Pero, ay, en la realidad vemos lo contrario. ¿Quién cede el paso cuando va por la calle una caravana de vehículos oficiales blindados, con vidrios ahumados? Nosotros, por supuesto. Trate de negarse a hacerlo, a ver cómo le va enfrentándose a la “fuerza pública”... Ahí veremos a quién le guardan lealtad... “Servir y proteger”... Sí, pero no a usted ni a mí. A Ellos.
Sigamos con la idea de que el “servido” es, o debería ser, el principal, y que el “servidor” es menos importante. No como ser humano, por supuesto, sino por su cargo.
A los estatistas totalitarios les sorprende que alguien gane más que el presidente. No debería sorprenderles tanto. ¿Acaso el presidente es el dueño del país? ¿Acaso es algo parecido a un rey? ¿Acaso él “creó” a la sociedad que lo eligió? Por supuesto que no. Otra vez: presidente y ciudadanos. ¿Quién eligió a quién? ¿A qué debe parecerse más un presidente: a un rey, o a un mayordomo?
Si le sóno feo comparar a un presidente con un mayordomo, lo atribuyo a los mencionados “rezagos monárquicos”. Tendemos a ver el poder aún como era en los reinos de antaño. Pero en una república, el poder es: servicio; es delegado; es limitado; está sujeto a control y rendición de cuentas; es revocable. Lamentablemente nadie recuerda esto.
(Supongo que la degeneración de las repúblicas en despotismo es inevitable. Los antiguos romanos, luego de su pésima experiencia con sus reyes, se dijeron, “reyes, nunca más”, y fundaron la república. Derivó en populismo, y finalmente en el despotismo de los emperadores. Los ideales de libertad, igualdad y fraternidad de la revolución francesa desembocaron inmediatamente en el Terror, y en más emperadores... ¡parece que hay un patrón a seguir! La revolución americana mantuvo sus ideales por poco más de un siglo, hasta que Lincoln prefirió fundar un imperio [¡otra vez!] antes que mantener la confederación de los Padres fundadores... Acá en latinoamérica nunca fuimos muy fieles a los ideales de la independencia. Siempre hemos tenido una especial debilidad por los “hombres fuertes”. Y hasta un par de emperadores ha habido)
Hay más. El dinero que recibe un alto ejecutivo, se lo pagan los dueños de la empresa voluntariamente, de buena gana, y de su propio bolsillo. Lo mucho o poco que gane un empresario, lo recibe de los clientes que voluntariamente le compran. En cambio el sueldo del presidente se paga con dinero obtenido de bolsillos ajenos bajo amenaza de violencia (prisión y confiscación. Es decir, se paga con “impuestos”, que por algo se llaman así, y no “voluntarios”). “Gobiernan como dueños, y los mismos que oprimen se hacen llamar bienhechores”... Sabias palabras...
Permítaseme aportar otra razón, con un ejemplo.
Uno contrata una empleada doméstica. Y uno le paga menos que lo que uno gana. ¿Injusto? ¿Explotación? ¡Es imposible pagarle más que lo que uno gana! Si uno no puede pagarle siquiera el mínimo, pues no puede contratarla. Así de simple. Y nadie se sorprende de eso.
Los totalitaristas deberían alegrarse que haya ciudadanos prósperos dispuestos a contratar a otros, pagándoles bien. ¿No se alegra la empleada doméstica cuando a sus empleadores les va bien? Podrán seguir contando con sus servicios. ¿O debe llenarse de envidia y malevolencia contra esos “explotadores” que le pagan menos que lo que ganan ellos...? ¿Qué tal que la empleada “prohiba” que los señores de la casa ganen más que ella? Absurdo. Pero esa idea se debate con fruición en las cumbres del poder de nuestro país...
Así mismo ha de ser. Los que gobiernan, gobiernan como dueños, no como servidores... Y quienes oprimen al prójimo se hacen llamar “servidores públicos”. Y la gente parece conformarse con ello. Nunca faltarán, empero, las voces de unos cuantos que diremos mientras tengamos aliento: no debería ser así. Un presidente de república debería parecerse a un mayordomo, no a un rey.

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